- Si. en cuanto llegue a la Abadía pondré un anuncio como que lse abre la iglesia para todo tipo de cosas.
En esto que el hombre que estaba llevando el carruaje.. paró.
- ¿¿Quiere su Ilustrísima que le deje aqui mismo?? La iglesia está a dos calles mas arriba.
- ¿Esto es la Abadía del Duero?
- No. Está mas arriba.
- Entonces... ¿¿ por que no me deja en el lugar indicado??
- Ya que es ...religioso... pensé que quería quedar en la Parroquia de Santa Catalina.
- Reguñiendo entre dientes. No sabe aún quien soy. Vamos presto a la Abadía del Duero. De ipsofacto le quiero ver llegar. Y las bromas ...midalas. Tardamos un cuarto de hora mas. Todo se hizo esperar, pero mereció la pena. Cerca de la Abadía aguardaban el Señor de Acebedo y señora.
Me extrañó que estuvieran solos. Pero luego descubrí que se habían adelantado al resto. No esperaba tantos honores pero me sentí emocionado. Todos estaban volcados en mi figura y en como iba a corresponderles. Lo primero que hicieron fue subir a una de las Torres y desplegar banderas para recibir a un semejante como yo.
Alli habían llegado gente de toda la Peninsula para el gran recibimiento... Una insignia que les hace capitanes de sus tribus , de sus mesnadas, de sus caballeros.
Todos con un mismo objetivo, recibir a un nuevo miembro de la Abadía. A su Obispo.

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